La senda del perdedor
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Resulta complejo concebir la prolongación de una actividad cuyos resultados sitúan a quien la desarrolla lejos del presupuesto apuntado al inicio de la misma. Por este motivo, entender la continuidad de la carrera de alguien cuyos logros distan de posicionarle a la cabeza de su disciplina hasta hace poco se me presentaba como inasumible.
Años de fatigas sin recompensa aparente, de reproches coartados por ilusiones patentes, de inhibiciones llevadas con disciplina castrense, de frustraciones ungidas como acicate inherente.
Mitigar el hastÃo de persistencias infructuosas, en eso consiste la victoria. Sobreponerse al estigma de la derrota perenne, sacralizar los resuellos de una constancia indeleble.
Proferir ovaciones a quien acredita esplendores redunda en la consagración de un trabajo ya recompensado. Celebrar el arresto de quien renueva un esfuerzo baldÃo para su encumbramiento permite abolir idearios que soslayan la derrota y a los derrotados.
P.D. Y puesto que no todo en la vida es deporte, recomiendo la lectura de la novela cuyo tÃtulo he tomado prestado para esta entrada, (aunque no tenga nada que ver con la misma), La senda del perdedor, de Charles Bukowski. Porque todo perdedor es un triunfador en si mismo.Â
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