Que cuatro años no es nada
La concesión de becas amortigua los efectos que un periodo de inactividad competitiva o malos resultados pudieran tener para profesionales dependientes de los mismos.
La obtención de ingresos provenientes de fuentes ajenas a instituciones o sponsors es nimia en prácticas deportivas cuyo nivel de exigencia conlleva una disciplina que dificulta su conciliación con el desempeño de labores complementarias. 
Una paulatina optimización de resultados precisa una dedicación exclusiva sustentada en garantías de respaldo en caso de infortunio. Es por ello que exigir competitividad carece de sentido si quien exige no contempla las posibles derivaciones de actividades de desgaste.
Las becas otorgadas a los deportistas, cuya cuantía se determina en función de los éxitos cosechados, se revisan anualmente ajustándolas en base a lo realizado durante ese intervalo de tiempo, excluyendo del análisis consideraciones relativas a lesiones o circunstacias de semejante condición.
Tal vez cuatro años (el plan ADO busca el éxito en las citas olímpicas) sea un margen excesivo para quienes conceden las subvenciones, pero ampliar a dos años la cobertura económica (también, por ejemplo, la referente a la permanencia en centros de alto rendimiento) haría posible la mejora de las condiciones que permiten el progreso constante.
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