Real Madrid-Athletic Club de Bilbao: mucho fútbol y pocas nueces
El pasado domingo se disputó uno de los grandes clásicos del fútbol español. Real Madrid y Athletic Club de Bilbao, frente a frente, no sólo ponían en juego los puntos sino también toda su historia. Era uno de esos encuentros que levantan pasiones incluso antes de que empiece el partido, una de esas citas que son ineludibles para todo buen futbolero. Pero en este caso, y de una manera casi inexplicable, parece que la pasión no se consumió del todo sobre el terreno de juego.
Ya estamos a martes y todavía hoy se habla del partido. Y lo que queda, tal vez. Pero, desgraciadamente, el fútbol casi ha desaparecido de los comentarios. Ahora se habla de árbitros parciales, silbatos malintencionados, conspiraciones, puntos perdidos injustamente, ligas pasadas e hipótesis futuras. Incluso se habla de una mano negra que nadie sabe muy bien a quién pertenece. Y todo esto no ocurre porque el partido fuera aburrido, ya que en el Bernabeu se pudo ver buen fútbol este domingo. ¿Por qué entonces? ¿Qué necesidad hay de agitar los ánimos después de haber ganado un partido en el que los jugadores tuvieron que sufrir por méritos propios?
El partido empezó bien y acabó peor que mal. Es cierto que hubo buen juego, pero también hubo bronca y polémica. Demasiadas, quizá. El Athletic tuvo que poner el fútbol, y lo hizo con creces, porque el Real Madrid tenía suficiente con la efectividad de sus contraataques. Había ganas por parte de los dos equipos, muchas ganas y mucha garra. Pero apareció la bronca gratuita y, después, la polémica sin sentido. Más que suficiente para olvidar lo grande que es el fútbol y empezar a dibujar fantasmas en la arena.
Es cierto que el árbitro del partido no tuvo su mejor noche. Se equivocó, y mucho. Pero no creo que sus errores beneficiaran a nadie. Más bien nos perjudicaron a todos, tanto durante el partido, cuando los errores se traducen en pequeñas injusticias, como después del mismo, cuando se convierten en polémicas que nadie entiende del todo bien. Al Real Madrid se le anuló un gol injustamente, pero también se le perdonaron algunas tarjetas; y entre éstas había alguna que otra roja directa. El penalty a favor del Athletic fue de lo más riguroso, uno de esos penaltys en los que no ocurre nada si no se pitan; pero al Real Madrid se le perdonó otro penalty, y éste era tan claro que casi dolían los ojos al ver las repeticiones. Hubo encontronazos entre los jugadores y también entre los banquillos, algo que nunca va a beneficiar a este deporte ni a sus aficionados. Se puede decir que hubo de todo. Incluso un resultado final: 3-2, para quien todavía no lo sepa.
El fútbol, a veces, es injusto en los resultados. A veces lo pones todo y no te llevas nada, y otras veces ocurre al revés. Es así y todos tenemos que aceptarlo: jugadores, técnicos, directivos y aficionados. El problema viene cuando las pequeñas injusticias que ocurren en el terreno de juego salen del mismo para transformarse en sorda palabrería y demagogia barata. Es precisamente ahí, en ese justo momento, cuando empieza a doler lo que la sana deportividad habría curado.

Tags: actualidad, Athletic Club de Bilbao, Deportes, Fútbol, Opinión, Real Madrid


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