Los partidos como el de anoche escriben las mejores páginas de la historia del fútbol. Páginas llenas de sentimiento y emoción, de momentos inolvidables que quedarán para siempre en el recuerdo de sus protagonistas y que buscarán un hueco en la memoria colectiva de toda una afición. Resultados tan inesperados como decisivos, gestas heroicas capaces de fundar la leyenda y ser recordadas generación tras generación. Noches de magia, sueños e ilusiones que mantienen viva la historia de cualquier equipo. Esa es la grandeza del fútbol, la chispa brillante que nos recuerda que el fútbol, a pesar de todo, sigue siendo un deporte en el que compiten fuerza e inteligencia casi a partes iguales. Y todo lo demás es secundario: coches de lujo, estrellas mediáticas, pasarelas, cuentas multimillonarias… nada de eso es suficiente para ganar un partido.
Anoche pudimos ver todo esto, y mucho más, con nuestros propios ojos. Un modesto histórico que milita en Segunda B, el Real Unión Club de Irún, se enfrenta al grande entre los grandes, al campeonísimo de Europa, al todopoderoso y temible Real Madrid. Y, contra todo pronóstico, lo elimina.
El planteamiento táctico de Iñaki Alonso, entrenador del Real Unión, fue impecable. La táctica de Bernd Schuster, como ya nos tiene acostumbrados, fue inexistente. El equipo guipuzkoarra plantó una defensa de cinco ante la que los blancos acabaron desquiciados, pero también supo imprimir velocidad y claridad a su juego, algo que les valió el pase a la siguiente ronda de la Copa del Rey. Los vascos jugaron mejor y, en esta ocasión, los dioses del fútbol hicieron justicia sobre el terreno de juego.
A pesar del resultado de la ida, 3-2 a favor del Real Unión, el equipo vasco no fue conservador y salió a por el partido. Los irundarras sabían que al Real Madrid no se le puede jugar al empate y por eso salieron decididos y valientes en busca de otra victoria. Cuando empezaron a llegar los goles, esta actitud quedó del todo patente: 0-1 para el Real Unión, el preludio de la sorpresa; 1-1, empata el Real Madrid, como era de esperar; 1-2, vuelve a marcar el Real Unión y el Real Madrid comienza a sonrojarse de un modo preocupante; 2-2, vuelven a empatar los blancos, pero aún se nota el miedo sobre el campo; 3-2, todo empieza a ser como tiene que ser; 4-2, como era de esperar; 4-3, nadie da crédito a lo que acaba de suceder… el Real Madrid ha sido eliminado, a doble partido, por un equipo de Segunda B. Y, lo más fuerte de todo esto, los irundarras le han marcado a los blancos 6 goles en dos partidos. ¡Qué grande es el fútbol!
Solemos dar por sentado que las eliminatorias a doble partido benefician siempre al equipo más grande. Cuando dos equipos de categorías diferentes se enfrentan en una eliminatoria de este tipo casi la damos por sentenciada antes incluso de que comience el primero de los dos encuentros. El equipo pequeño pierde todas sus opciones porque el grande tiene dos oportunidades para hacer las cosas bien, de manera que, en caso de que sea necesario, siempre podrá enmendar los errores cometidos en el primer partido en el momento en que llegue el segundo. Esto, teóricamente, es cierto. Pero en la práctica no siempre es así. Pudimos verlo anoche y podremos verlo, con un poco de suerte, en otras noches mágicas como la de ayer. Y entonces volveremos a decir: ¡qué grande es fútbol!

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